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Hay que despertar las vocaciones

23 de abril de 2024

Columna del Arzobispo Wenski para la edición de abril 2024 de La Voz Católica

By Archbishop Thomas Wenski – The Archdiocese of Miami

El 11 de mayo, ordenaré a cuatro jóvenes al sacerdocio en la Catedral St. Mary, de la Arquidiócesis de Miami, y el 1º de junio, en la capilla de Nuestra Señora de Belén, ordenaré a otro joven sacerdote para los jesuitas.

Cinco nuevos sacerdotes son sin duda una buena noticia, sobre todo cuando se habla mucho de una crisis de vocaciones al sacerdocio. Y aquí en los Estados Unidos, donde las ordenaciones siguen siendo muy pocas y nuestros sacerdotes están envejeciendo, estamos, con razón, preocupados.

Si bien celebramos con alegría a quienes pronto serán ordenados, no podemos, al mismo tiempo, negar que hay una crisis. Pero a pesar de la sabiduría convencional que dice lo contrario, la escasez de sacerdotes no es el resultado del celibato, sino de una crisis de fe y, en el secularismo creciente de nuestra cultura, del cierre de la ventana mental del hombre al infinito o la trascendencia. Además, los jóvenes estadounidenses de hoy, muchos de los cuales han sufrido las consecuencias del divorcio de sus padres, temen asumir compromisos a largo plazo. Este miedo a asumir riesgos ante un futuro aparentemente incierto, explica también la crisis actual del matrimonio moderno. En Occidente (América del Norte y Europa Occidental), los jóvenes atrapados en una cultura de gratificación instantánea e intereses fugaces no tienen prisa por casarse, y mucho menos por ingresar a un seminario o convento. Hoy en día, en Estados Unidos hay más adultos no casados o que ya no están casados, que adultos casados. Entonces, no nos faltan seminaristas porque los jóvenes se apresuren a casarse.

Dios no deja de llamar, pero a veces el ruido ambiental puede dificultar que los jóvenes de hoy escuchen el llamado. Todos los fieles de Cristo tienen la obligación de fomentar las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa.

Los sacerdotes no sólo deben invitar a los jóvenes a considerar una vocación al sacerdocio, sino también atraerlos por su integridad y alegría sacerdotal. El Papa San Juan Pablo II escribió una vez a los sacerdotes: “Sobre todo en el contexto de la nueva evangelización, la gente tiene derecho a dirigirse a los sacerdotes con la esperanza de ‘ver’ en ellos a Cristo (cf. Jn 12, 21). Tienen necesidad de ello particularmente los jóvenes, a los cuales Cristo sigue llamando para que sean sus amigos y para proponer a algunos la entrega total a la causa del Reino. No faltarán ciertamente vocaciones si se eleva el tono de nuestra vida sacerdotal, si fuéramos más santos, más alegres, más apasionados en el ejercicio de nuestro ministerio. Un sacerdote ‘conquistado’ por Cristo (cf. Flp 3, 12) ‘conquista’ más fácilmente a otros para que se decidan a compartir la misma aventura. (Carta a los sacerdotes, Jueves Santo de 2005, #7.)

Los padres también deben estar dispuestos a animar a sus hijos cuando deseen discernir una vocación al sacerdocio o a la vida consagrada. Es necesario cultivar las vocaciones para que su número crezca. Y esa es una tarea de toda la comunidad católica. Por eso, siempre que veas a un joven particularmente prometedor, también debes animarlo a pensar en dedicar su vida al servicio de Dios.

Para citar nuevamente al Papa San Juan Pablo II, “los jóvenes tienen un deseo profundo, a pesar de posibles ambigüedades, de aquellos valores auténticos que tienen su plenitud en Cristo… Si a los jóvenes se les presenta a Cristo con su verdadero rostro, ellos lo experimentan como una respuesta convincente y son capaces de acoger el mensaje, incluso si es exigente y marcado por la Cruz”. (Novo Millennio Ineunte, #9.)

Un conocimiento superficial de Cristo, fruto de una formación religiosa inadecuada o defectuosa, es un obstáculo formidable para la promoción de las vocaciones. Todo lo que pueda favorecer en niños y jóvenes el descubrimiento auténtico de la persona de Jesús, y de la relación vital con Él, será beneficioso para despertar vocaciones.

Las Jornadas Mundiales de la Juventud –a nivel global– han hecho precisamente eso, cuando Cristo es presentado “con su verdadero rostro”. Si lo hacemos, los jóvenes podrán experimentar a Jesús “como una respuesta convincente”.

Los jóvenes, ya sea en nuestras parroquias, ministerios universitarios, escuelas o programas de educación religiosa, pueden responder y responderán a Dios, que no deja de llamar, porque Él no se queda atrás en generosidad. Podrán superar “sus posibles ambigüedades” con la confianza que inspira la esperanza cristiana: si todos nosotros, miembros fieles de Cristo, continuamos apoyando el ministerio de la ordenación de nuestros sacerdotes, y si todos apoyamos a los jóvenes presentándoles un entorno personal y una relación real con Cristo, relación que se nutre de una sólida catequesis y de la vida sacramental.

Porque el deseo de ser sacerdote se alimenta esencialmente de la intimidad con el Señor, en una relación realmente personal, que se expresa sobre todo en el deseo de estar con Él.