RADIO PAZ

Canción actual

Título

Artista

Background

La decadencia de la familia alimenta la disminución de la fe

22 de septiembre de 2023

Columna del Arzobispo Wenski para la edición de septiembre 2023 de La Voz Católica.

No es ningún secreto que hay un declive en las creencias y prácticas religiosas en los Estados Unidos. Algunos señalan la pandemia de COVID como una causa inmediata; otros culpan a las crisis de abusos sexuales o a los cambios provocados por el Vaticano II. Ninguna de estas explicaciones explica completamente el declive que está ocurriendo en todas las tradiciones religiosas. La tendencia es a la baja y cada vez más estadounidenses, especialmente los más jóvenes, se identifican como “ningunos”, sin afiliación religiosa.

Una encuesta reciente, National Study on Faith and Relationships (Estudio Nacional sobre Fe y Relaciones), fue realizada por Communio (una organización sin fines de lucro con sede en Estados Unidos que asesora a las iglesias sobre estrategias de evangelización, no la revista católica internacional Communio.) Los resultados de la encuesta sugieren que “el colapso del matrimonio y la consiguiente disminución de la paternidad residente ofrecen la mejor explicación sobre el declive del cristianismo en los Estados Unidos”.

En otras palabras, la decadencia de la familia alimenta la disminución de la fe.

La encuesta (a la que se puede acceder en la web) indica que el 80% de todas las personan que asisten a la iglesia, crecieron en un hogar de padres biológicos permanentemente casados y presentes. La familia es la “iglesia doméstica”, la célula básica o primera de la Iglesia. Ahí es donde los niños deben aprender primero a orar; ahí es donde los esposos y las esposas, los hijos y las hijas, los hermanos y las hermanas deben dar y experimentar el amor incondicional. El colapso del matrimonio como resultado de la revolución sexual, la explosión de las tasas de divorcio y las familias monoparentales transformaron la estructura de las familias y, al hacerlo, vaciaron los bancos de las iglesias.

Vivir la propia vocación cristiana al matrimonio y a la familia es ciertamente un desafío hoy en día, cuando las fuerzas económicas y las presiones culturales socavan la cohesión familiar y desalientan a las personas a casarse y formar familias. Hoy en día, menos de la mitad de los hogares en los Estados Unidos están formados por parejas casadas. Por primera vez en la historia, hay más personas que no están casadas (ponemos en esta categoría a las que nunca se casaron, a las que aún no están casadas y a las que ya no están casadas); hay más en esta categoría que en la de las que están casadas.

Se trata de un problema grave que genera una letanía de males. Hoy en día, con todo tipo de tecnologías (teléfonos, tabletas y otros dispositivos), las personas están “más conectadas” que nunca. Sin embargo, nunca la gente se había sentido tan sola y “a la deriva”. La soledad en Estados Unidos es hoy un problema de salud pública.

La familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer es el camino donde mejor pueden los hijos encontrar y conocer a Dios; donde la mutua entrega y fidelidad de marido y mujer proporcione un hogar seguro y protegido, para que los niños crezcan mejor en virtud y asuman sus propias responsabilidades como miembros de la sociedad y como ciudadanos de un país.

La familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer es indispensable, incluso para Dios, porque cuando Dios quiso revelarse, lo hizo en el seno de una familia. Y, de manera real, la familia es un ícono de Dios, del Dios que es amor. Jesús creció en una familia. Creció en Nazaret, donde vivió bajo la autoridad de María y José; donde vivió, aprendió y amó. El estilo de vida santo de Jesús, María y José sirve como modelo para todas las familias cristianas.

Como sabemos, no todas las familias pueden contar con ambos padres en el hogar, por diversas razones. La vida puede ser complicada. Cualesquiera que sean las circunstancias de nuestras familias, ya sea encabezadas por un solo padre o incluso, en algunos casos, por un abuelo; ya sea una familia extensa, una familia nuclear, una familia mixta o una familia dividida, la Iglesia invita a todas las familias a encontrar en la Sagrada Familia de Nazaret consuelo y fortaleza. María es madre para todos nosotros, pero puede ser de manera especial madre para los huérfanos; y José, el padre adoptivo de Jesús, también puede ser protector y guía para aquellos que no tienen padre o están separados de sus padres.

Pero el camino para revertir la disminución de la asistencia a la iglesia, y hacia una evangelización eficaz, tiene que pasar por la familia y por la recuperación del matrimonio como compromiso permanente entre un hombre y una mujer por el bien de los hijos.