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Francisco: El amor nunca sofoca, hace un lugar para el otro

2 de enero de 2024

En el primer rezo mariano del Ángelus del nuevo año 2024, el Pontífice invita a crecer en el amor manso, silencioso y discreto que genera vida y a abrir caminos de paz y reconciliación en el mundo.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

Al celebrar la solemnidad de Santa María Madre de Dios, este 1 de enero de 2024, el Papa Francisco invitó a poner bajo su mirada atenta el tiempo nuevo que nos ha sido dado. Antes de rezar el Ángelus en la Plaza de San Pedro, meditó sobre el Evangelio del día, que revela que la grandeza de María no consiste en realizar algún hecho extraordinario, sino que, mientras los pastores se apresuran a Belén tras haber recibido el anuncio de los ángeles, (cf. Lc 2,15-16), ella permanece en silencio.

En su alocución, una hora después de presidir la santa misa en la Basílica vaticana en el marco de la Jornada Mundial de la Paz, observó que «el silencio de la Madre es un rasgo hermoso». «No es una simple ausencia de palabras, sino un silencio lleno de asombro y de adoración por las maravillas que Dios realiza. San Lucas observa que «María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (2,19)». «De este modo, continuó, hace un lugar en su interior para Aquel que ha nacido; en silencio y adoración, pone a Jesús en el centro y da testimonio de Él como Salvador».
El Papa precisó que «es Madre no sólo porque llevó a Jesús en su seno y lo dio a luz, sino porque lo da a luz, sin ocupar su lugar».

«Ella permanecerá en silencio incluso bajo la cruz, en la hora más oscura, y seguirá haciéndole un lugar y engendrándolo para nosotros. Un religioso y poeta del siglo XX escribió: «Virgen, catedral del silencio / […] tú llevas nuestra carne al paraíso / y a Dios en la carne» (D.M. TUROLDO, Laudario alla Vergine. «Via pulchritudinis», Bolonia 1980, 35). “Catedral del silencio”: es una bella imagen. Con su silencio y humildad, María es la primera «catedral» de Dios, el lugar donde Él y el hombre pueden encontrarse.

Pero también nuestras madres, con sus cuidados ocultos, con sus desvelos, «son a menudo magníficas catedrales del silencio», dijo el Pontífice. «Nos traen al mundo y luego continúan acompañándonos, muchas veces sin que nos demos cuenta, para que podamos crecer», agregó y pidió recordar que «el amor nunca sofoca, el amor hace un lugar para el otro y lo hace crecer».

Al inicio de 2024, el Obispo de Roma estimuló a mirar a María y, con corazón agradecido, «pensar y mirar también a las madres, para aprender ese amor que se cultiva sobre todo en el silencio, que sabe dar espacio a los demás, respetando su dignidad, dejándolos libres para expresarse, rechazando toda forma de posesión, opresión y violencia». «Hoy tenemos tanta necesidad de esto», insistió y citó su mensaje para la 57ª Jornada Mundial de la Paz, en el que escribió: «La libertad y la convivencia pacífica se ven amenazadas cuando los seres humanos ceden a la tentación del egoísmo, del interés personal, del afán de lucro y de la sed de poder”. En este sentido, expresó que «el amor, en cambio, está hecho de respeto y de amabilidad: de este modo derriba barreras y ayuda a vivir relaciones fraternas, a construir sociedades más justas y humanas, más pacíficas».

El Sucesor de Pedro elevó una plegaria a la «Madre de Dios y Madre nuestra, para que en el nuevo año crezcamos en este amor manso, silencioso y discreto que genera vida, y abramos caminos de paz y reconciliación en el mundo».