‘Debemos aprender de la historia y no repetir sus errores’
19 de mayo de 2025
By Archbishop Thomas Wenski – The Archdiocese of Miami
La administración de Donald Trump, a través de la Orden Ejecutiva n.º 14156, busca que la ascendencia sea un criterio para la ciudadanía, es decir, el tener al menos un progenitor que sea ciudadano estadounidense o residente legal. Esto va en contra de más de un siglo de precedentes legales y por lo tanto ha invitado a desafíos legales que en última instancia tendrán que ser decididos por la Corte Suprema.
La ciudadanía por derecho de nacimiento otorga la ciudadanía a todas las personas nacidas en suelo estadounidense, independientemente del estatus migratorio de sus padres. En Estados Unidos, la ciudadanía por derecho de nacimiento está garantizada por la Decimocuarta Enmienda de la Constitución. En concreto, establece que “todas las personas nacidas o naturalizadas en Estados Unidos, y sujetas a su jurisdicción, son ciudadanos de Estados Unidos y del Estado en el que residan”.
La ciudadanía por derecho de nacimiento, también llamada jus soli (el derecho del suelo), ha ayudado a integrar a las nuevas generaciones de estadounidenses a nuestra sociedad. Aquí, en el Sur de La Florida, como en el resto de Estados Unidos, celebramos los logros de quienes se autodenominan con orgullo “estadounidenses de primera generación”. Al celebrar sus logros, honramos los sacrificios de sus padres, que emigraron a este país en busca de libertad y oportunidades, y también reconocemos la movilidad ascendente que una sociedad libre ofrece a quienes están dispuestos a trabajar duro.
La mayoría de los países del continente americano tienen ciudadanía por derecho de nacimiento. Los países de este hemisferio han fomentado la migración y han visto en la ciudadanía el vehículo para integrar rápidamente al recién llegado a sus sociedades. La única excepción es la República Dominicana, donde el histórico racismo xenófobo hacia los haitianos conspira para negar la ciudadanía a los hijos de haitianos nacidos en suelo dominicano.
En Europa, muchos países, como por ejemplo Italia, no tienen ciudadanía por derecho de nacimiento, sino por ascendencia (jus sanguinis). Por tanto, en esos países no existe el equivalente a “estadounidenses de primera generación”, sino más bien, “inmigrantes de segunda generación”. Esto puede llevar a la creación de un sistema de castas, que la 14ª Enmienda pretendía evitar concediendo la ciudadanía a los esclavos liberados y a sus hijos, además de aquellos “sujetos a la jurisdicción” de Estados Unidos. Las leyes de Jim Crow, por supuesto, frustraron durante casi un siglo el objetivo de la 14ª Enmienda de eliminar las desigualdades legales y promover la inclusividad. No obstante, el caso United States v. Wong Kim Ark de la Corte Suprema de 1898 aclaró que los niños nacidos en EE. UU. de padres inmigrantes son ciudadanos, independientemente del estatus migratorio de sus progenitores.
Aunque no soy abogado constitucionalista, el lenguaje sencillo de la 14ª Enmienda es claro: La ciudadanía está disponible para todos los nacidos en Estados Unidos y sujetos a su jurisdicción. Los inmigrantes irregulares e indocumentados sí están sujetos a la jurisdicción estadounidense. Tienen que pagar impuestos y, si cometen delitos, pueden ser detenidos, juzgados, condenados y deportados. Los que no están sujetos a la jurisdicción de los estados de Estados Unidos -y, por tanto, no pueden optar a la ciudadanía- son, por ejemplo, los hijos de diplomáticos que viven en EE. UU. Por lo general, los diplomáticos gozan de inmunidad que les protege incluso de pagar multas de tráfico, por lo que no están sujetos a la jurisdicción de Estados Unidos.
Los “migrantes de segunda generación” pueden llegar a ser esencialmente apátridas y engendrar migrantes de tercera generación que, también apátridas por habérseles negado los derechos y privilegios de la ciudadanía, se convierten en inasimilables en sus sociedades de acogida. Y las personas que son ciudadanas de “ningún lugar” no tienen “ningún lugar” al cual ser deportados. Esto acabaría creando una subclase vulnerable, explotable y marginada, tan mala o peor que la subclase creada por la legislación Jim Crow que negaba las libertades y derechos civiles a los negros en este país. Aún no nos hemos recuperado totalmente de los daños causados al cuerpo político por Jim Crow y su legado. Debemos aprender de la historia y no repetir sus errores.
Fuente: ADOM :: ‘We should learn from history and not repeat its mistakes’
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